Producir en el país es construir soberanía. La destrucción del Estado Empresario -dictaduras militares, Menemismo- y de la PyME nacional -Macrismo- es la política de sometimiento del imperialismo norteamericano para impedir que la Argentina produzca. El conflicto trasciende las cuestiones ideológicas de si izquierda o derecha, estatal o privado, terrorismo o democracia. “¡Es la geopolítica, estúpido!”

El Astillero Río Santiago es una fábrica de barcos y no otra cosa. ¿Se pueden reivindicar, con un mínimo criterio industrial, las marquesinas del Teatro Argentino y las cruces de la Basílica de Luján al tiempo que se desconocen el buque de desembarco de tropas Cabo San Antonio y la fragata misilística Santísima Trinidad con los cuales se recuperaron las Islas Malvinas en 1982?

Reconstruir la marina mercante y de defensa desde el Estado Empresario desarrolla y califica a la industria privada. Las PyMEs periféricas a la gran empresa estatal son las que dan más trabajo, lo que hace al desarrollo de proveedores tanto o más importante que la industria terminal. Luego de vendido el buque en general, se puede seguir sumando facturación en las tareas naval-partistas, que son las de mayor valor agregado de toda la cadena. Porque motores principales, maquinaria de cubierta, grúas, y equipos en general, son, a igualdad de peso y material, entre 3 y 9 veces mayores en precio que el casco y la superestructura del barco.

El ARS dio trabajo a propios y ajenos, nacionalizando en sus manos, o en las de sus proveedores de insumos industriales, el valor agregado que antes se importaba. Ángel Cadelli y Marcelo Pérez, aspirantes a presidente y a vice del Astillero Río Santiago, son la esperanza de un futuro feliz e industrial.

Por Bárbara Solernou

SOCIAL21, La Tendencia

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