Los trabajadores de menos ingresos fueron los que más sufrieron las subas de precios, que llegaron a casi triplicar el valor de la canasta entre noviembre de 2015 y diciembre del 2018, con una suba de 189,8%.

A una semana de conocerse el IPC nacional de diciembre, que para muchos analistas fue un mes de descanso en la suba de precios, que permitirá ver un número menor a 3%.

Sin embargo, el aumento de precios que afecta al empleo medido por el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), no logró tan buen desempeño y fue de 3,1%, redondeando un año con 47,8% de inflación acumulada.

Los deciles más bajos de los asalariados registrados fueron los que sufrieron un peor desempeño de su salario real. La caída del poder adquisitivo fue de 17,3% para el promedio de los trabajadores registrados, teniendo en cuenta una inflación acumulada de 166% en los últimos 3 años y una mejora de la mediana de los salarios de 120,6%.

Pero la cuestión empeora para el decil 1, es decir el de menores ingresos, cuya canasta subió el ya mencionado 189,8% en tres años. Ahí la pérdida es por lo menos de 23,9%, aunque pudo haber sido peor, tomando en cuenta que los gremios que año a año obtuvieron las mejores paritarias fueron los que ya eran de mayores ingresos, como los aceiteros, los bancarios, los camioneros y los judiciales.

El informe del IET mostró algo que era esperado, y que incluso debería repetirse en el dato que publicará el Indec el próximo martes: en diciembre los precios subieron impulsados por la estacionalidad del mes.

Eso se vio en la suba del capítulo Esparcimiento, que fue de 7,4% y que se explicó por los incrementos en las tarifas de los hoteles, por el comienzo de la temporada de vacaciones.

El segundo puesto fue para un precio regulado, Salud, con un alza de 7% por la suba de las prepagas de 8,5%.

Los alimentos, con mayor incidencia en los sectores de menores ingresos, siguen elevados y en diciembre subieron 3%.

Desde el IET esperan que el 2019 registre una inflación de 30,7%, aunque reconocen que los niveles que se terminen observando dependerán de lo que ocurra con la dinámica del tipo de cambio, que hasta acá parece ser la mayor de las incógnitas para el año que comienza. Si bien en los primeros días el precio del dólar ya llegó a la banda inferior y la tasa cedió hasta debajo del 59%, todavía es muy alta en términos reales.

«Es bien sabido que cuando el tipo de cambio aumenta marcadamente (como ocurrió en 2018), la inflación se dispara, producto de que se encarecen en una primera instancia los bienes importados y también los bienes exportables (como los alimentos).

Si 2019 vuelve a tener el estrés cambiario de 2018, veremos un año mucho más inflacionario que si el dólar se mantiene bajo control», sostuvo el informe del IET, que pone el ojo, y deja abierta la posibilidad a variaciones, sobre lo que ocurra con los impactos de segunda ronda de los tarifazos, con las paritarias y con los precios de las materias primas.

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