En 1817, un barco norteamericano llegó al Río de la Plata en misión oficial. El fin de la expedición de la Fragata “Congress” era evaluar la conveniencia de que los Estados Unidos de Norte América reconocieran la independencia de nuestro país.

Henry Marie Brackenridge fue el secretario de la expedición de la Congress y durante su estada reunió datos y documentos que le sirvieron para publicar a su regreso el informe que posibilitó el reconocimiento de la independencia Argentina por los Estados Unidos en 1822.

El libro que leí y releí para atrás y adelante, es apasionante. Increíble leer como nos vio y evaluó el gran país del norte. Como si hubieran visto, en la Argentina que nacía casi al mismo tiempo que EEUU, una disputa por el liderazgo del continente y del mundo.

Brackenridge describe con agudeza la mentalidad, la cultura y la situación de la Argentina de 1818 y refleja su admiración por el amor a la patria, la abnegación y el valor que muestran los argentinos en su lucha por la libertad.

Conoció personalmente a los importantes personajes que en esa época luchaban para lograr el nacimiento definitivo de una nueva Nación.

Conoció a Pueyrredón, Escalada (suegro de San Martín) Rondeau, Soler, el Dean Funes, el padre Domingo Belgrano (hermano de Manuel), Bonpland, Saavedra, etc. Y vivió las frustraciones que se palpaban en Buenos Aires con cada derrota y el entusiasmo que despertó el triunfo de San Martín en Maipú.

Todo el libro me pareció apasionante y esclarecedor, con algunos párrafos que parecen escritos para hoy.

Cito a Brackenridge: “Con respecto a los que estaban actualmente en el poder, Pueyrredón y otros, eran los hombres racionales y moderados del país que estaban tendiendo a implantar algo parecido a un orden de cosas estable, pero que el pueblo era de carácter inquieto e INCONSTANTE, y SUJETO APROPIADO PARA SER MANEJADO POR DEMAGOGOS Y TURBULENTOS”.

Díganme si ese párrafo no resulta premonitorio. Es una metáfora de la Argentina desde su fundación.

Es muy interesante ver y leer como los estadounidenses ya tenían claro desde 1810 que en el sur habría un polo de poder a desarrollarse. De hecho, luego, en pocos años Argentina adoptó e hizo suya una Constitución Nacional casi calcada de la americana.

Estaba claro que la paz y la organización junto a una constitución liberal pondrían a la Argentina a la cabeza del mundo. Y ocurrió en, relativamente, pocos años.

Claro, hasta que nos entregamos a los demagogos y turbulentos que quitaron el espíritu liberal que la fragata Congress atracó en el puerto de Buenos Aires. Ni lerdos ni perezosos, empezaron con las reformas y las reformas de reformas mas tratados internacionales y demás intoxicaciones.

Hoy no se sabe bien que somos. Tantos años de relativismo socavando la historia, la tradición y la identidad no son gratis. Poco queda del espíritu y la pujanza de hace 100 años. Los cuales, espíritu y pujanza, parece que no estuviéramos dispuestos a recuperar.

Como dice el informe: «pueblo inquieto e inconstante sujeto a ser manejado por  demagogos y turbulentos».

¿Seremos eso? Cuando lo ví escrito me pareció injusto, pero después reflexioné. Algo debe haber… ¿no? 

Lo cierto es  que no todo siempre es lo que parece.

Por ejemplo, en enero de 1833 con Juan Manuel de Rosas gobernando en Buenos aires, el Capitán James Onslow escribía informe a sus superiores desde Malvinas donde dice:

“Llegué el 2 de enero y encontré un destacamento bajo bandera de Buenos Aires con 24 soldados, y también una goleta nacional de guerra (la Sarandi) bajo la misma bandera. Presenté mis respetos al capitán de la goleta, quien me informó que era el comandante en tierra y mar. Lo informé cortésmente y le pedí que embarcara sus fuerzas y arriara su bandera ya que se hallaba en posesiones que pertenecían a la corona británica. Al principio, él asintió, a condición de que yo pusiese lo mismo por escrito, lo que hice, agregando que venía a estas islas a ejercer el derecho de soberanía sobre ellas. En la mañana del 3 de enero a las 5 am, él me visitó para pedirme que le permitiera dejar flameando la bandera de Buenos Aires hasta el sábado 5, día en que finalmente se iría llevándose su fuerza y a los colonos que expresaran el deseo de abandonar las islas. Le dije que su pedido era inadmisible ya que estaba en territorio de Gran Bretaña. Viendo que vacilaba y se mostraba reacio a quitar la bandera, inmediatamente desembarqué, icé la bandera nacional y ordené que se bajara la otra enviándola con un mensaje cortés a la goleta Sarandí”

A juzgar por este escueto informe, la Sarandi al mando de Pinedo entregó las Malvinas a los ingleses sin pena ni gloria y se volvió a Buenos Aires escapando como rata por tirante para arribar el 15 de enero.

El capitán Onslow, sin mas instrucciones que cumplir, dejó una mínima guarnición al mando de un teniente Lowe y abandonó el archipiélago el 14 de enero. Su destino fueron las costas de Brasil, donde se reunió con barcos estadounidenses.

La mayoría de los colonos argentinos prefirieron quedarse en Malvinas bajo bandera de la corona británica.

Que casualidad, ¿no?.

Como para ir atando cabos… por su puesto que cuando llegó la Sarandí a Buenos Aires empezaron los reclamos diplomáticos y toda la sarasa sasasa amén de una corte marcial a Pinedo por no despeinarse resistiendo a unos pocos británicos para defender a la patria. 

Cuestión que Pinedo es un apellido de tradición malvinera, al menos el senador actual siempre se manifiesta como “malvinero”. 

Es de pico, a los Pinedo no les gusta mancharse el traje, parece. Como a la mayoría de los argentinos que miraban el mundial del 82.

Cuestión, como te decía, que en historia, las cosas no siempre fueron o son como parecen o te las cuentan.

Y como nosotros, efectivamente, somos de carácter inquieto e inconstante, durante demasiadas etapas de la historia nos dejamos manejar por demagogos y turbulentos que nos entregan.

¿Te has preguntado alguna vez porque Rosas se exilió, vivió y murió en Inglaterra?

¿Te has preguntado porqué luego de cada diferendo, Argentina siempre cedió territorio?

Notable. Total, lo tenemos a Maradona, que nos reivindica haciendo goles con la mano.

Juan Martín Perkins

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