Mientras las naciones europeas y países de América Latina llevan más de dos décadas tratando de tomar medidas para frenar el cambio climático y paliar sus consecuencias sociales, un frente sindical busca generar masa crítica para que la Argentina despierte a esta problemática antes de que sea tarde.

Por Marcelo Rodríguez para PROA AL FUTURO RADIO.- El simposio “El cambio climático y el movimiento obrero organizado” , que se realizó en Buenos Aires este 11 de julio en la sede sindical del Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y de Cabotaje Marítimo de la República Argentina, fue un paso más en una carrera que este sindicato, con el apoyo de la ONG Alianza Clima, Vida y Salud, se propuso este año con un objetivo: liderar, junto con otras organizaciones de la sociedad civil, un frente capaz de llegar, en diciembre, con una propuesta y un mensaje propio a la Conferencia de las Partes (COP-25) que tendrá lugar en Santiago de Chile y es el máximo foro mundial donde se debaten y se deciden las acciones para luchar contra el cambio climático y prevenir sus graves consecuencias a nivel ecológico, económico y social.

El problema, sobre el cual coincide la inmensa mayoría de la comunidad científica del mundo, es claro: a causa del exceso de emisión de gases de efecto invernadero producto de la actividad humana, la temperatura promedio del planeta aumentó 1,3 grados centígrados en los últimos 200 años, y ese incremento llegará  2 grados para el año 2030 –dentro de apenas una década– a menos que se disminuya en un 40% la emisión de esos gases de efecto invernadero, principalmente dióxido y monóxido de carbono.Este aumento de la temperatura de la atmósfera terrestre basta para que inmensas masas de hielo de las regiones polares se derritan y hagan crecer el nivel de los océanos hasta el punto en que unas 13 mil islas del mundo literalmente desaparecerán, y países oceánicos como Tuvalu y Kiribati ya están adquiriendo territorios continentales para mudar a sus poblaciones. Entre la disminución del territorio y la acidificación (por el avance de las aguas marinas) de tierras que hoy son fértiles, pueden llegar a perderse entre un 20 y un 30 por ciento de las actuales superficies de cultivo, mientras que la población mundial que requerirá alimentos se incrementará en mil millones de personas.

Pero no hay motivos para ver a esta “catástrofe silenciosa” de nivel planetario como una historia de ciencia ficción que represente tan sólo un problema a futuro: en general los países europeos ya asumen plenamente que las devastadoras sequías o las inéditas olas de calor que desde hace unos años se han vuelto habituales son consecuencias de este cambio climático que han llegado, cuanto menos, para quedarse. En este contexto donde también muchos países de la región latinoamericana llevan a cabo importantes acciones contra el cambio climático, Argentina “tiene incorporados en su legislación los principios del Acuerdo de París”, que desde 2015 guían la acción global mancomunada contra este problema, “pero el Gobierno no ha hecho nada para ponerlos en práctica”, señaló en el simposio el doctor Carlos Ferreyra, director de la Alianza Clima, Vida y Salud.

Una ONG británica incluyó a la grave sequía que sufrió el año pasado el campo argentino entre los 10 peores desastres causados por el cambio climático global durante 2018. Junto con los 17 mil millones de dólares de pérdidas que causaron el año pasado los huracanes en la zona del Caribe, la caída del rendimiento de las cosechas en Argentina representó pérdidas valuadas en 6 mil millones, explicó en su exposición Alejandro Acosta, delegado gremial de la Juventud del Centro de Patrones. “Los trabajadores debemos asumir la responsabilidad de encabezar la búsqueda de soluciones”, sostuvo el secretario general del sindicato, Julio González Insfrán, quien aseguró que promoverá la acción de este frente social y sindical en todos los países de la región en el marco de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF, por sus siglas en inglés), donde ocupa la presidencia de la sección de Navegación Interior para América Latina y el Caribe. “Hoy –reconoció sin embargo González Insfrán–, Argentina está muy lejos de los objetivos propuestos por la comunidad internacional en la lucha contra el cambio climático”.

Siguiendo el ejemplo de sindicatos europeos, que ya desde los años ’90 contaban con oficinas específicas para ocuparse de asuntos medioambientales –los cuales, desde el inicio de la propia Revolución Industrial, tradicionalmente siempre afectaron más a la clase trabajadora–, el Centro de Patrones decidió marcar tendencia en Argentina con la creación, en mayo pasado, de su Oficina de Acción Climática, cuyo titular es Mariano Moreno, secretario adjunto del gremio, y en cuya nutrida agenda ya figuran varias participaciones en eventos sobre cambio climático en el exterior del país y la organización de una conferencia sobre el tema para los legisladores en el Congreso Nacional, el 18 de junio.

En este simposio realizado en la sede a sala llena, al que asistieron representantes de varias fuerzas sindicales –entre ellos uno de los secretarios generales de la Confederación General de Trabajadores argentina, Juan Carlos Schmid– como también empresarios y especialistas de todos los sectores, el capitán fluvial Moreno detalló los 17 objetivos de desarrollo sustentable surgidos del Acuerdo de París, destacando que la acción de los sindicatos en esa lucha debe apuntar a convertir esta crisis en una gran oportunidad para “eliminar la pobreza y promover la transición energética desde una matriz de consumo de combustibles fósiles a otra de energías renovables, sin que eso deje afuera a las personas”. Lejos de generar desocupación, como algunos temen, esa transición hacia una nueva matriz energética “puede generar el doble de trabajo que la actual, y con mayor calidad y calificación de los trabajadores”, aseguró el sindicalista.

Tecnologías para la transición

Esto estuvo en relación directa con uno de los principales proyectos que impulsa el sindicato, que es el diseño y la fabricación de buques remolcadores fluviales con propulsión a gas natural licuado (GNL) en astilleros argentinos, con tecnología local. González Insfrán explicó que esta tecnología, si bien aún se vale de hidrocarburos, está siendo implementada en Europa por su reducción sustantiva de la emisión de dióxido de carbono y de óxido de azufre respecto de los combustibles actuales, y brindará una alternativa sumamente estratégica para la economía local, ya que además del cuidado medioambiental reducirá un 20% los costos logísticos mejorando la competitividad del alicaído sector naviero, a la vez que utilizará un combustible del que el país es proveedor. “Si no nos ponemos al frente de la innovación tecnológica ofreciendo soluciones para esta transición energética, ocurrirá, como siempre, que terminaremos utilizando la chatarra que dejan de lado los países industrializados, por obsoleta y por los daños que causa al medioambiente”, puntualizó. Para embarcaciones de menor porte, como las lanchas de pasajeros, mencionó que se están ensayando métodos de propulsión a partir del propio oxígeno e hidrógeno del agua, que al recombinarse liberan energía y eliminan el residuo en forma de vapor de agua.

Durante el encuentro, en el que se sumaron al frente otros cuatro sindicatos –entre ellos el de Trabajadores Ambientales, representado por Gerardo Juara– se trató también la problemática medioambiental en relación con la salud humana. Por su parte, el director de la Alianza Clima Vida y Salud, quien acababa de regresar de Chile donde estuvo reunido con representantes sindicales de ese país –mucho más avanzado que la Argentina en políticas contra el cambio climático–, dijo que en el mundo hay “unas 100 empresas, con alrededor de 20 mil accionistas, que siguen impulsando el uso de combustibles sucios”, amparadas por líderes políticos como el estadounidense Donald Trump, que niegan el camio climático. El doctor Ferreyra mencionó que las iniciativas a nivel local para el desarrollo de torres de energía eólica o de paneles fotovoltaicos, que son los grandes paradigmas de “energías limpias” para las redes eléctricas del futuro, están apenas restringidas a la iniciativa de un pequeño grupo de empresas de base tecnológica que no se corresponde en absoluto con la magnitud del problema ni con la urgente necesidad de impulsar esta “transición energética”, que es el concepto clave para este futuro que ya está encima; “mientras tanto”, señaló, “países como España, Costa Rica o Uruguay ya tienen sus estrategias para enfrentar este problema”. Al menos, esta grave cuestión del cambio climático parece estar despertando la conciencia acerca de algo que para muchos ya era evidente desde hace décadas: los modelos de desarrollo y creación de riqueza no están al servicio de toda la humanidad; ni siquiera de la mayoría. ¿Qué más tiene que ocurrir antes de que las sociedades se decidan a revertirlo?

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